No es difícil que en cualquier tertulia o charla entre amigos surja la pregunta:
¿a dónde te gustaría viajar si tuvieras tiempo y dinero?
En ese momento nuestra imaginación suele desatarse en busca de algún lugar idílico que hemos tenido presente en nuestro subconsciente y que nos trae fantasías, exotismo, aventuras o relax para nuestros sentidos.
También es verdad que a lo largo del trabajo como Agente de Viajes he visto volver a clientes de una vuelta al mundo con cierta indiferencia, a otros repetir una y otra vez con complacencia su aventura de viaje en autobús que quedó averiado dos veces en la carretera y en el que tuvieron que dormir dos noches por sobreocupación hotelera en una localidad de nuestras costas y algunos relatar entusiasmados su experiencia en una ruta de pueblos de interior por su provincia.
Todo ello me conduce a la siguiente reflexión:
¿Cuánto más importante resulta ser el destino comparado con la predisposición y actitud viajera?
Los preparativos de un viaje suelen ser también una vivencia muy gratificante. Hay todo un proceso de vivencias en torno a la visita de las Agencias de Viajes, la búsqueda de información, la selección de establecimientos, compartirlo con los amigos, solicitar consejos y disfrutar con el diseño de lo que van a ser y cómo van a ser esos días. Nos vamos creando expectativas que van creciendo a medida que se va consolidando la propuesta.
Los Agentes de Viajes sabemos que vendemos un componente de variados productos y servicios sobre los que no tenemos control alguno. Hay multitud de imponderables que pueden surgir y poner en duda la profesionalidad de una Agencia. Desde la pérdida de las maletas, al camarero de la piscina del hotel o el chófer del autocar.
Aquí surge la segunda reflexión:
¿Qué es lo que más influye en el éxito o el fracaso de un viaje que has diseñado con tanto mimo y cuidado?
También parece que una gran mayoría de gente está dispuesta a viajar en cualquier momento. Más aún cuando estás tensionado, cargado de trabajo y problemas, aburrido de la rutina o simplemente por el placer de conocer gente y ver cosas nuevas.
Se habla de que el mundo turístico está cambiando. Se incorporan “nuevos viajeros” a los que se diferencia de los tradicionales y es aquí dónde surge mi tercera pregunta:
¿Qué es lo que está cambiando o ha cambiado en la motivación para viajar o las formas de viajar?